10 cosas que no volverás a hacer cuando te conviertas en madre

La mayoría de las veces cuando te conviertes en madre descubres ese lado oculto de ti que jamás creíste que podrías tener. Es una pasada mirar a tu bebé y sentir que la palabra “amor” adquiere verdadero significado entonces, y sólo entonces.

 

Pero los días van pasando, los meses van pasando, y tu bebé ya no sólo duerme y come y duerme… Ahora te reclama cada vez más. Te reclama cuando tú duermes (o lo intentas), te reclama cuando tú comes (o lo intentas), te reclama en cada momento del día. Y resulta que cuando no estás en casa la mayoría de las cosas que solías hacer ya no las haces. Sí, la maternidad cambia nuestras vidas y nos cambia a nosotras.

Hay muchas cosas que poco a poco empezarás a echar de menos, y no es que tu vida sea peor, ¡Ni mucho menos! Sencillamente nos adaptamos a una nueva realidad en la que la palabra “intimidad” no tiene cabida.

¿Repasamos mi lista?

1- Hacer pis… SOLA. Parece una chorrada, pero desde que mi hijo aprendió a gatear ya no puedo ir nunca al baño sola. A veces me he emperrado y me he enfrentado a él, cerrándole la puerta y diciéndole que tengo derecho a mi “intimidad”. Pero en realidad no sólo es que no tenga ese derecho, es que nuestros hijos ni entienden ni quieren entender esa palabra. Normal cuando tú todavía le limpias cuando hace caca y le enjabonas la cabeza en su baño diario. Supongo que en el fondo pensarán que si ellos no pueden ir al baño solos… ¿Por qué ibas a poder ir tú?.

2- Ir de compras y comprar algo… PARA TI. Bueno no hablo de calcetines o ropa interior necesaria. Hablo de esos momentos de horas en la planta joven mirando todas las marcas, todos los vestidos… Dejando ropa apartada porque no se podía entrar con tantas prendas en el probador. ¡Madre mía! ya ni me acuerdo…

Ahora lo normal es decir “paso un momentito por la planta de niños y me voy a lo que he venido”, y de pronto miras el reloj y sabes que para lo único que te queda tiempo es para coger las escaleras hacia abajo y salir pitando a recogerles del cole. Por supuesto que vas cargada de bolsas, pero en su interior no hay nada de nada para TI.

3- Salir a cenar sin dejar el móvil al ladito de tu plato: Verdaderamente no entiendo cómo se hacía antes de que existieran los móviles. Pero ahora la realidad es que cuando tus hijos no están a tu lado, ya sea porque están con la canguro o con tus padres o con tus suegros, no puedes alejar el móvil más de 10 centímetros. La despreocupación con la que en alguna ocasión saliste no volverá. Siento ser yo la que os lo diga, pero eso de “Ups! se me ha olvidado el móvil… Bueno da igual!” no sucederá nunca más.

4- Volver a las 3 de la mañana pensando que al día siguiente podrás dormir hasta las 3 de la tarde. Lo sentimos pero no. Sí, sí, sí… antes de ser madre eras capaz de estar todo el sábado remoloneando en la cama después de esa noche loca de gin tonics y bailes, pero lamento decirte que SE ACABÓ.

Quizá algún día en tu casa vuelva a suceder eso, pero no serás tú la protagonista, probablemente serán tus hijos a los que tengas que despertar con el aspirador. 🙂

5- Tener tus cremitas ordenadas: Primero fue el mayor y ahora mi hijo pequeño el que ha descubierto el “apasionante armario de las cremas de mamá”. No entiendo qué desconocido atractivo pueden tener, pero el caso es que por mucho que le repita que “eso no se toca”, cada vez que mi hijo está callado tiemblo y sé dónde está: colocando y recolocando y desordenando mis cremas, cremitas y potingues varios. Para más inri además parece que sus preferidos son los tarritos de cristal, así que me planteo cada día quitarlos todos de ahí y ponerlos en una balda alta alta. Lástima que la balda alta alta ya está llena de cosas de “no dejar al alcance de los niños”.

6- Tomarte tu café caliente y en paz. Mis cafés calientes y en paz ya sólo me los tomo en el trabajo, así que mucha paz tampoco encuentro, y supongo que al resto le pasará lo mismo. Es complicado disfrutar del café cuando tienes a tu hijo pequeño señalando tu taza y gritando “¡Ham!¡Ham!” hasta que le acercas la cuchara a la boca… y entonces es el mayor el que se pone a llorar porque resulta que con su vaso gigante de Cola Cao no era suficiente. Siempre querrán lo que tú estés tomando. SIEMPRE. Así que… ten cuidado con lo que tomas ;).

7- Escuchar TU música. Ni en el coche, ni en casa, ni por supuesto cuando salgas a hacer deporte con tus cascos: tus cascos hace tiempo que tus hijos los mordisquearon, y hacer deporte… Ehhh… ¿Qué es eso?. Ahora tu  música se reducirá a Cantajuegos, los tres cerditos y el lobo, las canciones de inglés que tienes que ponerle cada día según te han dicho en el cole, las canciones de dibujos animados varios y… YA. Olvídate de estar al día con la música actual, y cuando encuentres de milagro algún ratito libre para ti, descubrirás que por desgracia SUS canciones están metidas en TU mente, así que te sorprenderás tarareando el “soy una taza, una tetera” y similares, y hasta tendrás ¡tus favoritas!. Estás perdida…

8- Darte un baño relajante. Durante los siete largos meses que duró la obra de reforma de mi casa, tuve que explicar muchas veces, MUCHAS, por qué quería que en uno de mis baños hubiera bañera. Mi madre, mis amigos, ¡Hasta los obreros! no paraban de preguntarme “¿Pero cuántas veces te bañas?”. Con mucho esfuerzo trataba de evitar, a veces en vano, que de mi boca saliera un “¿Y a ti qué te importa?”… Pero el caso es que nadie me explicó que fueran las veces que fuesen, en cuanto fuera mami esos baños se acabarían. Ahora la bañera la uso para bañar a los enanos y para dejarme la espalda agachándome una y otra vez para quitarles todos los juguetes que utilizan como proyectiles, pero de baños relajantes en soledad… ni sombra se ve.

9- Guardar esa tableta de chocolate “solo para ti”. Siempre he sido de las de tomar un trocito de chocolate después de comer. Diría que es vicio, pero no lo es. Para mí era puro placer. Recuerdo el anuncio de los chocolates Valor cuando una adolescente se escondía de sus padres como si estuviera haciendo algo prohibido. “Placer adulto” rezaba el eslogan. Pues bien, ahora yo me escondo de mis hijos. ¿Placer adulto?, ¿En serio?. Soy incapaz de coger un trozo sin que de repente aparezca uno de ellos apuntándome con su dedo acusador. Puedes pensar que están jugando tranquilamente en su cuarto, o viendo los dibus… Da igual. Elijas el momento que elijas acabarás compartiendo si no quieres que se monte un drama.

10- Ver una peli o cualquier programa de adultos antes de las 11 de la noche. Si crees que podrás seguir peleando con tu pareja a ver quién es el dueño del mando a distancia, estás totalmente equivocada. Ahora los dueños son esos “locos bajitos”. Tengan o no el mando, no podrás ver otra cosa que no tenga colores estridentes y voces estridentes. Se llaman dibujos animados, y tu mundo “televisil” no volverá a mostrar caras reales hasta pasadas las 23hs, cuando hayas conseguido acostarles y ordenar un poco todo. La buena noticia es que con suerte tus hijos dormirán bien y podrás poner una peli a esa hora. La mala noticia es que te quedarás dormida antes de las 23:15.

¡Bienvenida al mundo de la maternidad!

 

Categorías:Embarazo, Maternidad, Ocio, Uncategorized

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