Cómo lograr que obedezca sin morir en el intento

desobediencia

Muchas veces he escrito sobre temas relacionados con inquietudes, miedos o dudas que me transmitían las personas cercanas a mí. Esta vez la que tiene miedo, pero MIEDO de ese con mayúsculas y que me hace sentirme pequeñita pequeñita como el monstruo de colores… SOY YO. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque no consigo que mi hijo de tres años obedezca mis “pequeñas” peticiones sin que lleguemos a las amenazas, los gritos, el llanto… y por último consecuencia de todo esto, la tristeza.

Queremos a nuestros hijos más que a nada en el mundo. Todas sabemos que mataríamos por ellos, pero a veces nos sacan tanto de nuestras casillas que nos hacen sentirnos fracasadas en nuestra labor de educarles.

Así que una vez más me he lanzado a la búsqueda de información para no morir en el intento, para no darme por vencida, para reforzar la relación entre nosotros, y sobre todo para que la felicidad y la calma no salgan de la mano corriendo de nuestro hogar.

He encontrado muchas, muchísimas páginas hablando de castigos y reprimendas, de enseñar a los niños “quién manda”, de obligarles a obedecer… Pero es que resulta que esas pautas a mí están dejando de funcionarme, así que buscaba algo realmente diferente, y de pronto me acordé de un libro que hace mucho me recomendaron y pasó al espacio de mi mente programado como “ya lo recuperaré”. Ahora lo voy a recuperar. Se llama Ni rabietas, ni conflictos de Rosa Jové. Sé que muchos están muy a favor de esta filosofía y otros no. Yo intentaré basarme en algunos de sus consejos mezclados con otros que muchas personas llamarían “conductistas”, pero creo que en el equilibrio está la virtud.

También me gustaría recalcar que leyendo a Rosa Jové me he dado cuenta de que hay muchas cosas que SÍ hago bien, y esto es muy importante. Debemos tener confianza en nosotros mismos. Somos padres, pero ante todo somos humanos. Es normal equivocarse, pero lo óptimo es querer ser mejores para nuestros hijos reconociendo nuestras limitaciones.

Como apunta Rosa Jové citando a Luis Antonio García:

Un niño es un reto (…) que nos obliga a
mejorar a cada instante, a hilar fino y
perfeccionarnos para hacer frente a semejante
desafío constante, ¿quién se atreve con ello?

Los niños no son malos, simplemente tienen comportamientos inadecuados que debemos modificar.

Debemos empezar por algo, así que comenzaré por seguir estas pequeñas pautas:

1- No deseo un hijo sumiso. Cuando nuestros hijos nos preguntan “¿Por qué?” y le decimos “Porque lo digo yo…” conseguimos niños sumisos. Lo importante es que el niño siempre sea escuchado. Intentaré explicarle los motivos que tengo y convencerle de los beneficios que conllevará hacer lo que yo deseo en ese momento.

Creo que a partir de ahora debería darle más libertad a la hora de seleccionar su ropa, ya que tanto le gusta, y dejar de zanjar nuestras peleas con lo de “mamá y papá deciden lo que te pones. Tú no”.

2- Consensuar las normas. Es cierto que muchas normas las debemos poner los padres, por su seguridad, como darnos la mano al cruzar la calle, o para la correcta convivencia, como “no le quites los juguetes a tu hermano sólo porque él los ha cogido”. Pero la clave creo que está en explicarlo sin exaltarnos y poniéndonos a su altura. Es mejor dialogar que imponer. Y si mi hijo interpreta que él está colaborando a la creación de esas normas, quizá se esfuerce más en cumplirlas, o se esfuerce menos en romperlas ;). Veremos si nos funciona.

3- La importancia de SU tiempo libre. Por lo visto los niños también se estresan. Nosotros nos estresamos porque tenemos una jornada dura de trabajo y llegamos a casa con ganas de descansar, pero la hora de nuestro descanso llega a las 11 de la noche. Su estrés se junta con el nuestro y ¡Boom! se acabó la paz en el hogar. Así que como tercera de mis propuestas he decidido dejarle tiempo libre. Si quiere ver la tele que la vea (un rato, claro). Si quiere jugar con la plasti le dejaré (aunque la odie, lo siento). Debe saber que valoro su tiempo libre y su tiempo de juego. Y ahora que es pequeño… JUGARÉ CON ÉL.

4- Normas con constancia. Lo que hoy está prohibido mañana también debe de estarlo. Siempre respetando el punto de explicar la conveniencia de esas prohibiciones. No queremos que nuestra casa sea una dictadura.

 

5- Reprender sin gritar. Cuando tenga un mal comportamiento habrá que reprenderle pero SIN GRITAR. Mirándole a su altura e inmediatamente después de su “mala acción”. Tampoco hay que centrarnos toda la tarde en ese punto de equivocación. Intentaremos pasar a otra cosa cuando veamos que ha entendido que lo ha hecho mal.

6- Evitaré el castigo continuo. Muchas veces le mando a su cuarto “a pensar”. Pero creo que ni piensa en lo que a nosotros nos gustaría que pensara, ni le importa demasiado. Esta tónica habitual le ha proporcionado inmunidad a los castigos. Sabe que lo mismo que se va a su cuarto sale de él sin que suceda nada, y encima en el rato que está allí se distrae con sus juguetes y sus cosas. Así que creo que no sirve para nada. A partir de ahora haré caso a lo de “reforzar sus acciones positivas” y evitaré las riñas constantes.

Por último, como dicen en todos los manuales del “buen padre”, la clave es la paciencia. Si consigo cumplir con estos seis puntos habremos logrado algo muy muy bueno. Así que cuando los tenga “dominados” seguiré investigando para publicar más pautas. De momento con esto tenemos para unos cuantos meses, ¿No creéis?

Si tenéis más ideas que puedan ayudarme… Estoy abierta a escuchar sugerencias, porque de verdad que últimamente las tardes de invierno, sin parque y encima con la navidad de por medio en la que mis hijos han hecho bastante lo que les ha dado la gana… Nos están pasando una elevada factura.

Para finalizar este artículo os animo a leer otro que a mí me ha encantado sobre las rabietas:

Aquí podéis encontrarlo.

Y una frase de Robert Louis Stevenson que debería de ser la base de nuestro comportamiento con nuestros hijos “Quiéreme cuando menos lo merezca, que será cuando más lo necesite”.

 

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